La importancia de hacer caso a los síntomas
Durante un par de meses empecé a tener molestias digestivas que iban y venían. Dolores abdominales parecidos a una gastroenteritis, cierta repulsión a algunos olores y comidas, e incluso heces de un color extraño. No era nada especialmente alarmante, pero sentía que algo no encajaba del todo.
Después viajé a Tailandia y allí los síntomas se intensificaron. Perdí peso con rapidez y, en los últimos días del viaje, algo me llamó poderosamente la atención: mi piel y el blanco de mis ojos comenzaron a tornarse amarillos. En ese momento supe que tenía que buscar respuestas.
Tuve mucha suerte en todo el proceso. La primera persona que literalmente me salvó la vida fue mi esposa, Sílvia, que es médica y supo ver de inmediato la gravedad de la situación. Antes del viaje ya tenía cita con el doctor Farreras, digestólogo del Hospital Dos de Maig (Cruz Roja) de Barcelona, por las molestias que venía arrastrando. Así que, la misma semana de mi regreso, ya estaba siendo estudiado.
En una exploración, el doctor Farreras me dijo una frase que nunca olvidaré: “Hubiera preferido que me dijeras que te duele cuando aprieto”. Creo que en ese momento ya sospechaba lo que después se confirmó con un TAC abdominal: un adenocarcinoma en la cabeza del páncreas.
Cirugía temprana: una oportunidad de vida.
Todo ocurrió muy rápido. Justo hace nueve años, el 5 de enero, cuando aún no había pasado un mes desde el diagnóstico, me intervinieron quirúrgicamente en el Hospital de Sant Pau de Barcelona. Durante la operación se detectó también afectación ganglionar y vascular, y gracias a la enorme pericia del doctor Artigas pudieron extraer todas las partes afectadas.
Unos dos meses después, ya recuperado de la cirugía, inicié un tratamiento combinado de quimioterapia (gemcitabina y capecitabina) y radioterapia que se prolongó durante unos seis meses. A partir de ahí comenzó una larga etapa de controles. Aunque los marcadores tumorales iban subiendo lentamente, no aparecía ninguna imagen sospechosa, hasta que una biopsia líquida realizada en el Hospital del Mar confirmó que la enfermedad seguía activa.
Nueve años conviviendo con la enfermedad.
Cinco años después de la intervención detectaron un nódulo pulmonar, que se estabilizó con radioterapia y capecitabina. Un año más tarde apareció un nuevo nódulo en el mediastino, tratado con una combinación de fármacos tipo FOLFIRINOX, que hubo que ajustar por la bajada de defensas que me provocaba. Continué entonces con gemcitabina y capecitabina.
Llegamos así al pasado mes de julio, cuando en un control mediante PET-TAC y TAC abdominal se detectó una recidiva de adenopatías en el mesenterio y afectación perivascular del tronco celíaco. Actualmente estoy en tratamiento con gemcitabina, con buena respuesta y descenso de los marcadores tumorales.
En resumen, estoy vivo gracias a la detección temprana del cáncer y a una intervención inmediata. Mi agradecimiento es absoluto a la sanidad pública y a todos los profesionales que me han acompañado, especialmente al equipo del Hospital de Sant Pau.
El diagnóstico de cáncer de páncreas fue un auténtico vuelco vital. Sientes que todo estalla por dentro. A partir de ahí cambias tú: tus prioridades, tus hábitos, tu manera de estar en el mundo. Te reduces a lo esencial, y eso también afecta a las relaciones, porque lo superficial deja de tener sentido. Es un proceso profundo, que solo puede recorrerse con amor y compasión, tanto por parte del paciente como de quienes lo acompañan.
Hoy sigo adelante, aunque conviviendo con secuelas importantes, especialmente diarreas e incontinencia, que todavía condicionan mucho mi día a día. No he encontrado aún una solución eficaz y agradecería orientación o el contacto con especialistas o experiencias que hayan ayudado a otras personas. Compartir lo que funciona también puede ser una forma de esperanza.
Estoy entero gracias al apoyo de mi familia y amigos, y también al acompañamiento de la Fundació Kàlida. Y quiero destacar especialmente el decálogo publicado por ACANPAN, sobre todo en lo referente a la concienciación para la detección precoz del cáncer de páncreas y la necesidad de impulsar la investigación para lograr tratamientos más eficaces y personalizados.
Gracias, ACANPAN, por vuestra dedicación y vuestro sostén.
A por el 2026.
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El cáncer de páncreas impacta profundamente a quienes lo viven y a todo su entorno. Tu experiencia puede ayudar a otros: creando conciencia, dando visibilidad a los síntomas, inspirando iniciativas solidarias y, sobre todo, acompañando a quienes necesitan sentir que no están solos.
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